Cada uno de los Hijos de Dios merecen una Vida Digna

Friday, May. 11, 2018
By Jean Hill
Director, Diocese of Salt Lake City Peace and Justice Commission
Una de las verdades esenciales de las enseñanzas Católicas es la ética consístete en cuanto a la vida. En términos simples, el Catolicismo enseña que todas las personas tienen el mismo valor; que toda vida es sacra y merece protección; y que cada persona , sea cual sea su religión, género, orientación sexual, discapacidad, etnia, u otras características, merece una vida digna.
Los humanos son humanos, esta simple declaración del valor de todos es descuidado o mal entendida o frecuentemente ignorada.
En nuestras vidas diarias cada uno de nosotros tenemos nuestros propios preferencias, prejuicios y puntos ciegos que nos previenen reconocer que nuestra teología de la dignidad humana se aplica a cada y a todos los seres humanos. Los problemas surgen cuando nos olvidamos de que cada no-nato quien potencialmente podría ser un gay, lesbiana, heterosexual, transgénero, musulmán, mormón, de color, moreno, banco o cualquiera que sea quien sea es un ser humano con el mismo valor que buscamos proteger en el vientre. Dios determina nuestro valor como parte de la creación notando más o menos nuestro estatus como seres humanos desde el momento de la concepción hasta el momento de nuestra muerte natural.
Puede que tengamos que pasar algún tiempo reparando nuestros errores, pero el amor de Dios no tiene póliza. Ya que mantenemos nuestro valor ante los ojos de nuestro Creador.
Con esta enseñanza consistente acerca de la dignidad y santidad de la vida, los Católicos deberían reconocer que cada bebé en el vientre de una madre musulmana de bajos recursos quien vive en Etiopía tiene el mismo derecho dado por Dios a la comida, agua potable, educación y cuidados que un bebé en el vientre de una madre Cristiana de grandes recursos quien vive en los Estados Unidos. Debemos de entender que esos bebés en los vientres, bien nazcan con una atracción hacia el sexo opuesto o asía su mismo sexo, son igualmente queridos por Dios y de igual manera merecen tener vidas con dignidad. Debemos de concordar en que esos bebes crecerán y cometerán grandes errores, incluyendo felonías, ero la santidad de la vida permanece y el estado no la debe de quitar prematuramente a través de las ejecuciones.
En abstracto, parece muy fácil amar a Dios tal y como Él lo hace con nosotros, medir como queremos ser medidos. Concordamos en que el bebé en el vientre debe de ser protegido.
 Pero también concordamos en que tal protección no solo significa apoyar a la mujer embarazada quien necesite cuidados médicos, comida saludable, y una casa segura en donde continuar con su embarazo, sino ¿ayudarla después de que el bebé nace, con acceso a alimentos saludables cuidados de salud y las muchas cosas que se necesitan para criar a un bebé? Como pro vida no queremos que nuestro apoyo para un bebé en el vientre se base en la raza, género, etnia, religión, discapacidad o condición económica. ¿Por qué lo haríamos cuando este nace?
Los Católicos quienes apoyan la dignidad y santidad de la vida, bien sea la de quienes ya han nacido o de quienes están en el vientre, debería de no escoger a un solo grupo de individuos para su protección, Los Católicos son Iglesia para ‘todos’ y no solo ‘para estos sí y estos no’. No priorizamos “nuestra ‘ gente; todos somos “nuestra gente’ ya que profesamos que todos somos hijos e hijas de Dios.
Cada uno de nosotros puede hacer algo por ayudar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Pero como residentes de un país próspero, tenemos la bendición de poder escoger de entre las múltiples opciones para servir a los demás.
Podemos apoyar a la pobreza global mediante contribuciones a Catholic Relief Services, podemos servir al pobre a través de contribuciones y siendo voluntarios en Catholic Community Services. Podemos defender local y nacionalmente a pólizas que protejan la vida en nuestro estado, nación y en otros países.
Aun más, podemos ayudar a través de nuestras elecciones diarias, tal como la protección de la dignidad del trabajo local y global mediante la adquisición de productos que están dentro de nuestros estándares de intercambio ético.
En pocas palabras, nosotros los Católicos no necesitamos elegir a cuales vidas proteger o a cual de nuestros hermanos o hermanas apoyaremos para vivir una vida con dignidad, solo necesitamos escoger entre la gran variedad de opciones disponibles para hacerlo.
Jean Hill es la directora de la Comisión de Paz y Justicia de la Diócesis Católica de Salt Lake City .
Traducido por: Laura Vallejo
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