Carta del Obispo sobre el HB 90 'Reporte de Abuso Infantil'

Friday, Feb. 14, 2020
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Rev. Oscar A. Solis, Obispo de Salt Lake City
By The Most Rev. Oscar A. Solis
Bishop of Salt Lake City

– Para ser leída en todas las pa-rroquias los fines de semana del 8-9 y 15-16 de febrero de 2020; por favor pida a los feligreses que firmen la carta enviada a las parroquias; reúna las cartas firmadas y envíelas a la Oficina del Obispo antes del 23 de febrero de 2020

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Hay un momento en que los católicos tienen que estar de pie y hablar por la verdad y nuestra convicción de fe. Les escribo sobre un proyecto de ley presentado en la legislatura de Utah, el HB 90 - Reporte de Abuso Infantil.

Le pido a todos los feligreses que ayuden a defender nuestros derechos religiosos y que expresen su oposición a este proyecto de ley que quitaría el pleno derecho a la confesión a los sacerdotes y otros líderes de las denominaciones de fe, así como romper su sagrado sello de confidencialidad.

No cuestiono las buenas intenciones de nuestros legisladores de querer prevenir el abuso sexual de niños y proteger a los niños inocentes y vulnerables. Sin embargo, no hay pruebas de que esta ley ayude a lograrlo. En cambio, amenaza una práctica que es esencial para nuestra fe e identidad religiosa. Es una invasión o intrusión del gobierno en nuestra práctica religiosa.

El Sacramento de la Penitencia o Reconciliación (lo que llamamos “Confesión”), es una práctica importante de nuestra fe católica. La Biblia registra su origen divino. Fue el primer regalo que Jesús dio al mundo después de resucitar de la muerte.

En la primera noche de Pascua, sopló su Espíritu Santo en sus apóstoles, sus primeros sacerdotes, y les concedió el asombroso poder de perdonar los pecados en su nombre (Juan 20:22-23).

 Jesús nos dio este regalo para que pudiéramos venir siempre personalmente a él, para confesar nuestros pecados, y buscar su perdón y la gracia para continuar nuestro camino cristiano.

El Sacramento de la Confesión es puramente religioso, y por lo tanto está protegido como una de nuestras primeras libertades en la Constitución.

Para nosotros los Católicos, la confesión como los otros sacramentos son canales de gracias donde experimentamos la presencia amorosa y salvadora de Dios.

En el confesionario podemos decirle a Dios ante un sacerdote, todo lo que hay en nuestro corazón y buscar su misericordia sanadora. Expresamos nuestro dolor por nuestros pecados y nuestra sincera resolución de no volver a cometerlos; aceptamos la penitencia que se nos da; recibimos orientación y aliento espiritual; y a través del ministerio del sacerdote, Jesús nos habla personalmente las palabras consoladoras y salvadoras que nos liberan: “Yo te absuelvo de tus pecados”.

Es un gran sentimiento poder hablar con Jesús con total libertad y completa honestidad. La privacidad de esa conversación íntima y nuestra capacidad de hablar con total honestidad de nuestros labios al oído de Dios, es absolutamente vital para nuestra relación con Dios. Todo acerca de esta hermosa relación depende de la certeza divina de que lo que le digamos a Jesús en este sacramento permanecerá privado y confidencial.

Además, un sacerdote que escucha la confesión es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios por nosotros como pecadores. Se obra y ejerce su ministerio en nombre de Cristo.

 Las palabras que escucha en el confesionario no se le dicen a él, sino son palabras dirigidas a Dios. Por lo tanto, toma en serio el sagrado deber y la obligación de proteger su confidencialidad y nunca revelar lo que escucha en la confesión sacramental por ninguna razón.

Por estas razones, encuentro muy preocupante el HB 90 presentado en la Legislatura de Utah, ya que obligaría a un sacerdote a revelar información que podría escuchar en confesión.

Todo sacerdote sabe el privilegio de guiar a las almas y conceder el perdón en nombre de Dios y la confianza sagrada de proteger el sello del confesionario. Por eso, desde que fue instituido por Jesús, los sacerdotes han elegido sufrir, ser encarcelados e incluso morir en lugar de traicionar la confidencialidad de lo que escuchan en la confesión.

Durante las últimas décadas, nuestra Iglesia en los Estados Unidos ha sufrido y luchado con el horrible escándalo del abuso sexual de menores. Es un pecado horrible y un crimen que aflige a las iglesias y a cada área de nuestra sociedad que debemos prevenir que ocurra. Desde que estalló el escándalo, nuestra Iglesia ha tomado medidas para trabajar, proteger y reportar poniendo programas de Ambiente Seguro para los Niños.

Ponemos en marcha medidas estrictas y aplicamos reglas para mantener a los niños seguros. Sacerdotes, ministros y trabajadores y voluntarios adultos que tienen contacto regular con los niños, son entrenados en la prevención y reporte de abusos.

Cada año, a los estudiantes de nuestras escuelas católicas y programas de educación religiosa de la parroquia se les enseña conocer los límites y las herramientas para reportar.

También seguimos protocolos estrictos para manejar las denuncias y estamos obligados a reportar los casos de abuso sexual que sospechamos o recibimos. Todas las acusaciones de abuso infantil se toman en serio, y se reportan inmediatamente a la policía, y cooperamos plenamente en la investigación.

Cualquier clérigo acusado es inmediatamente removido del ministerio en espera de la investigación, mientras que una Junta de Revisión Independiente de Laicos revisa las alegaciones reportadas.

Nuestra Iglesia permanece vigilante en la protección de los niños, se compromete a ayudar a todos los sobrevivientes de las víctimas a encontrar la sanación, e implementa una política de Cero Tolerancia contra los perpetradores.

El HB 90 no sólo es una amenaza mortal para nuestra libertad religiosa, sino que no tiene pruebas claras de que protegerá a los niños. Más bien, desalentaría a los perpetradores de ejercer su fe religiosa y recibir la gracia de Dios que necesitan para enfrentar las consecuencias de sus actos ilícitos.

Por eso les pido hoy que escriban a nuestros legisladores y les hagan saber cuál es nuestra posición. Seguimos buscando formas efectivas de luchar contra la desgracia del abuso sexual infantil en nuestra iglesia y mantenemos nuestro compromiso de construir una sociedad en la que cada niño sea amado, protegido y seguro.

Pero no podemos permitir que el gobierno entre en nuestros confesionarios para dictar los términos de nuestra relación personal con Jesús. Desafortunadamente, eso es lo que esta legislación haría. Necesitamos su ayuda para proteger este sacramento de la Iglesia y mantener la confesión como algo sagrado. OPONGASE al HB 90, que revocará el “Sello de la Confesión”. ¡Tu voz cuenta!

Gracias por la oportunidad de compartir con ustedes mis reflexiones sobre este tema crítico.

Oremos por nuestra Iglesia, nuestros sacerdotes, por mí, nuestro ministerio, así como por nuestros legisladores, para que, por la intercesión de nuestra Santísima Madre, Nuestra Señora de Guadalupe, Dios ilumine sus mentes y corazones con su divina sabiduría para tomar las decisiones correctas.  

Reverendísimo Oscar A. Solis, D.D

Obispo de Salt Lake City

3 de febrero de 2020

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