Cónsul de México está dedicado al éxito de los inmigrantes

Friday, Dec. 01, 2006

SALT LAKE CITY — El largo pasillo afuera de la oficina del Cónsul Mexicano Salvador Jiménez Muñoz presume un banco de ordenadores conectadas no hace mucho tiempo con el fin de facilitar la expedición de credenciales de identificación oficial a los inmigrantes mexicanos que llegan a Utah y a la Región Occidental. Jiménez supervisa el proyecto, chequeando regularmente con los técnicos en computación y visitando periódicamente la aún mas grande sala de espera abarrotada con inmigrantes recién llegados de México que tienen la esperanza de probar el Sueño Americano.

Como uno de los tres diplomáticos que manejan consulados en Utah (el Consulado de Nueva Zelanda está en Bountiful, el Consulado de Uruguay está en Sandy) la oficina completamente funcional de Jiménez es modesta en diseño y sobrecargada con trabajo.

«Esta oficina cubre una área muy grande», dijo Jiménez en una entrevista con el Intermountain Catholic el 25 de octubre pasado. «Tenemos la responsabilidad de cubrir las necesidades de nuestra gente no solo en Utah, sino también en Montana, Idaho, y la parte Oeste de Wyoming. Los ordenadores y los empleados que viajan en camionetas ("consulados móviles") alrededor de la región nos ayudarán a llegar a las gentes de los otros estados.»

Jiménez, aunque no nacido para el servicio diplomático, empezó a ser entrenado para ello desde una temprana edad. Él creció en Zacatecas, México, pero nació en Guadalajara. Su madre, queriendo asegurarse de que su hijo pudiera presumir que había nacido en una ciudad grande, viajó de Zacatecas a Guadalajara unos días antes de que él naciera.

«Crecí en Zacatecas», dijo Jiménez. «Nuestra familia ha vivido ahí por muchas generaciones. No tengo ningún lazo con Guadalajara.»

Mientras que él estudiaba leyes en la Universidad Nacional Autónoma de México, Jiménez decidió visitar casi todos los estados de los Estados Unidos. Él obtuvo su grado en leyes en 1973 y de inmediato empezó a prepararse para el servicio diplomático, donde sus estudios de leyes, códigos civiles, y poder notarial serían de gran utilidad.

Nacido dentro de una familia Católica, dijo que él recuerda cuando iba a la iglesia todos los días con su abuela y cuando iba a confesarse y a recibir la Comunión en las iglesias localizadas en el centro de cada pequeño poblado en México.

«Somos descendientes de Indios pre-Colombianos y exploradores Españoles», dijo Jiménez. «Nuestras familias tienen dos tradiciones e influencias importantes. Tenemos buenas razones para caminar con la cabeza alta."

Ese orgullo de patrimonio juega un papel importante en su filosofía y los objetivos de su consulado.«

«Aliento a los mexicanos que viven aquí para que se valoren a sí mismos, sin importar su situación migratoria, o los problemas que tengan. Los aliento para que sean amistosos y ayuden donde sea que estén viviendo y les pido que se valoren ellos mismos y a la gente con la que trabajan.»

Los Estados Unidos son un «imán económico» para los mexicanos, dijo Jiménez. «La gente que viene es gente joven, fuerte, y con deseos de trabajar. Necesitan buenos trabajos. Pero el tiempo llegará, yo pienso, cuando México será capaz de proveer trabajo a cada una de las personas que viven allá. Mientras esto sucede, yo estoy aquí para apoyar oportunidades educacionales y económicas para los inmigrantes mexicanos que vienen a la región.»

La clave para conectar a los inmigrantes mexicanos con las oportunidades que existen, él dijo, es una buena comunicación, y crear conexiones.

Jiménez y su esposa Claudia, quien es maestra de sexto año en Midvale, no habían estado mucho tiempo en Utah después de haber llegado de Los Angeles, Calif., cuando hicieron contacto con Gerry y Fred Esplin. Fred, vicepresidente de avance institucional en la Universidad de Utah, y Gerry, antigua maestra en Park City, estuvieron involucrados con los esfuerzos que se hicieron para que se aprobara el proyecto de ley 144 (HB 144), el cual permite a los estudiantes sin documentación que cumplen con los requisitos de residencia que asistan a las escuelas de enseñanza superior de Utah pagando la colegiatura de residente del estado. Fue una batalla que se ganó con mucho esfuerzo; una lucha que vio fuerzas anti-inmigrantes enviar abogados a Utah para retar la constitucionalidad del proyecto de ley.

«Nos hemos convertido en miembros muy activos de la comunidad Hispana», dijo Gerry Esplin en una entrevista con el Intermountain Catholic el 10 de noviembre pasado. Ellos conocieron a Salvador y a Claudia Jiménez en un evento en la Universidad de Utah, y de inmediato formaron una amistad cercana. Ambas parejas participan activamente en la organización Utahns for American Dreams (Utahns por los Sueños Americanos), la cual también trabajó para que se aprobara HB 144.

«Salvador y Claudia han vivido en los Estados Unidos por un largo tiempo. Son muy pro-México, y tienen una actitud muy positiva,» dijo Gerry. «Están muy conscientes de lo que sucede y son buenos colaboradores.»

Los Jiménez y los Esplin frecuentemente comparten comidas, y junto con otros activistas, mantienen alto el interés en HB 144 con la esperanza de que algún día se convierta en una ley federal.

Jiménez evita discutir abiertamente asuntos políticos como el plan de la administración de Bush de construir una barda de 700 millas a lo largo de la frontera entre los Estados Unidos y México. «Estoy interesado en crear conexiones», él dijo, «mantenerme en contacto con la dimensión humana y conectar a gente hábil y competente con empresarios y compañías que los necesitan. Quiero tener la certeza de que todos tengan los documentos e identificación necesarios y que muchas de nuestras familias que han sido separadas puedan volver a reunirse. Quiero ver que nuestra gente se integre a la cultura Americana y a la vez siga manteniendo y honrando su propia orgullosa cultura.»

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