Esfuerzos de apoyo dirigidos a los indigentes en Utah

Friday, Nov. 08, 2019
By Jean Hill
Director, Diocese of Salt Lake City Peace and Justice Commission

Los Católicos, a través de Catholic Community Services, han servido por años a las personas que experimentan la indigencia. Durante décadas CCS ha brindado acceso a recursos comprensivos, así como a alimentos para nuestros amigos indigentes, reconociendo nuestro llamado a servir al necesitado. Recientemente CCS comenzó también a operar uno de los tres centros de recursos para indigentes, un lugar diseñado para servir mejor a la población de indigentes de Utah.

Los servicios que CCS brinda tienen raíces en un entendimiento de la dignidad de la persona y de las prioridades que cada uno debemos dar para los más necesitados. Afortunadamente el gobierno del estado, condado y ciudad, los proveedores de servicios, los defensores comunitarios y muchos más, en años recientes se han unido para reformar el espectro total de los servicios para los indigentes. Estos esfuerzos combinados están logrando impactos reales en los individuos y familias, pero desafortunadamente, todavía no son entendidos por el público en general quienes en ocasiones se oponen por la falta de buena información.

 Los Centros de Recursos para indigentes (HRCs) son uno de los aspectos primarios del nuevo sistema, el cual parece ser confuso para el público en general. El brindar servicios comprensivos en varios centros de recursos pequeños es mucho más efectivo para mudar a los indigentes permanentemente que el darles techo a las personas en un albergue masivo con menos servicios.

La mudanza a centros más pequeños sin embargo no es tan simple como el mover cuerpos de un espacio a otro.

El papel de HRCs es encontar  viviendas adecuadas para los indigentes y tratar las barreras que ellos tienen para tener acceso y mantener viviendas estables. Para poder trabajar HRCs necesita no solo de buenos gerentes de casos quienes puedan ayudar a las personas o familias a tener acceso cuidados de salud mental o a encontrar una vida sobria o empleos que ofrezcan salarios con los que se pueda vivir, también necesitan unidades de vivienda.

Aunque los Católicos están preocupados por el éxito de HRCs se deben de unir a los esfuerzos diocesanos para animar a los inversionistas a no sólo ofrece viviendas accesibles, sino a viviendas accesibles y viviendas permanentes, a unidades para vivir sobrios, y a otras opciones de vivienda que no son lo más rentables para quienes las desarrollan, pero ciertamente impactaran más la reducción de la indigencia.

 También toma tiempo mudar a las personas que han experimentado traumas substanciales de un albergue a un lugar nuevo. Se han escuchado fuertes críticas sobre la falla de cerrar el albergue en el cetro en el mes de julio, tal como se había programado. Muchos problemas tuvieron como consecuencia el retraso, algunos se pudieron prevenir, algunos no. Sin embargo, nadie se debería de quejar acerca de los retrasos requeridos para asegurarse que las personas en el albergue puedan mudarse exitosamente a un centro de recursos o a alguna vivienda más permanente. Ayudar a que una mujer que ha sido abusada en su familia y que en la calle se siente segura y a salvo a que se mude a un nuevo lugar vale la pena el tiempo y el esfuerzo. Forzarla a mudarse sin que ella ni mental y emocionalmente pueda con la mudanza solo para cumplir con las fechas, sería algo inconcebible.

 Similarmente, abrir nuevos centros es tan difícil como abrir cualquier negocio nuevo. Problemas inesperados suceden a diario, algunos que pueden ser tratados rápidamente, algunos más que requieren más tiempo para asegurar la seguridad de las personas. Trabajar a través de lo inesperado ayuda a que los proveedores de servicios vean en donde están las fallas para que así puedan informar mejor a los hacedores de las pólizas para tomar decisiones informadas y con base a datos, en lugar de simplemente reaccionar ante las voces negativas.

 Finalmente, todos necesitamos recordar que ningún centro de recursos, proveedor de servicios o estado puede totalmente erradicar la indigencia. Algunos estados tratan de esconderla a través de leyes que criminalizan la indigencia en lugar de atacar las causas. Los Católicos debemos de lucha en contra de las leyes que castigan a los indigentes o bien tratar las causas a través de menos encarcelaciones La indigencia es una experiencia, no una característica de carácter, y se trata mejor a través de la compasión y colaboración con las personas, no a través del castigo.

 Jean Hill es la directora de la Oficina de Vida, Justicia y Paz de la Diócesis de Salt Lake City’. Puede ser contactada en jean.hill@dioslc.org.

Traducido por: Laura Vallejo

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