HOMILIA Vísperas & Rito de Bienvenida

Friday, Mar. 10, 2017
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                          6 de marzo, 2017

Catedral de la Magdalena

 

Buenas noches. Me siento muy honrado al estar esta noche aquí con todos ustedes y por la oportunidad de celebrar las Vísperas, y así orar juntos, especialmente junto al Arzobispo Cristophe Pierre, nuncio apostólico de los Estados Unidos; con el Arzobispo Bernardito Auza, (Observador permanente de la Santa Sede y de las Unidas)- mi con temporario en el seminario, aunque yo soy un poco más viejo que él, él es más sabio; y el Arzobispo José Gómez, mi anterior arzobispo, hermano y mentores; junto a mis hermanos obispos – que gran alegría el verlos a todos aquí esta noche en este tiempo de oración – mi familia quien llego de las Filipinas; mis hermanos sacerdotes; diáconos y sus esposas; mujeres y hombres religiosos y de la vida consagrada, distinguidos invitados; y los fieles de nuestra Iglesia local aquí en la Diócesis de Salt Lake City.

Durante estas vísperas estamos celebrando la tradición antigua de la Iglesia de la vigilia de oración. Durante este momento, es el tener un lugar para recordar y honrar la fe en Utah. Pero es también un tiempo sacro, dedicado a alabar, honrar y agradecer a Dios por su fiel amor pro nosotros.

Me siento muy bendecido al ser parte de nuestra Iglesia local, la cual ha permanecido durante muchos años viva y fuerte, sirviendo a las personas de este hermoso estado de Utah y pro la presencia sacramental y viviente de Dios entre nosotros.  Por favor permítanme expresar mi sincera gratitud a Dios por todas sus bendiciones. De manera particular, estoy especialmente agradecido con el Santo Padre, el Papa Francisco, por brindarme la confianza al nombrarme como el décimo obispo de Salt Lake City.

Se la responsabilidad sacra que esta oficina significa. También sé que estaré llevando el gran legado de mis más recientes predecesores. El obispo George H. Niederauer, arzobispo emérito de San Francisco; y del arzobispo John C. Wester, quien es ahora el arzobispo de Santa Fe. Y he visto a otro de míos grandes predecesores sentado calladamente y riéndose- Obispo Bill Weigand – quien celosamente construyo la comunidad de esta fe que les fue entregada.

Es así que, mis queridos amigos, esta noche estamos aquí para buscar la gracia de Dios y la inspiración del Espíritu Santo. Pidamos todos juntos al Señor su bendición, y de manera muy especial, que me ayude y me guie y me proteja, conforme asumo este ministerio apostólico. Les pido sus oraciones, para que nuestro amoroso Señor me permita servirles con humildad, responsabilidad y como un siervo fiel de Dios.

Hermanos y hermanas, es realmente un honor él; ser asignado aquí en Utah. Desde que llegue, he sentido la calurosa hospitalidad de mis hermanos sacerdotes, diáconos, hombres y mujeres religiosas, y de los laicos de este estado de la Colmena. He experimentado su caluroso amor por Dios y por la Iglesia, y con confianza, humildemente les dijo “Utah, aquí estoy, soy totalmente tuyo. Aun con la nieve”.

Más aun, también me gustaría invitarlos a reflexionar en la riqueza histórica de esta diócesis, en donde las raíces de las semillas de la fe Católica fueron sembradas hace más de 200 años pro los primeros misioneros, el padre Domínguez y el padre Escalante. Con ellos tenemos una tremenda deuda por su trabajo misionero y pro el don que nos han dado. También hay que recordar y celebrar esta noche, el precioso don de la fe en esta magnífica catedral de Santa Magdalena la cual fue construida por el primer obispo de la diócesis, el Obispo Lawrence Scalan, quien junto a un grupo de fieles formaron la Iglesia a lo largo de estos años.

La semilla de la fe Cristiana continuo creciendo y fue nutrida por quienes les siguieron a lo largo de los años. Muchos años más tarde, aprendí, que este hermoso edificio fue restaurado bajo la dirección de bajo la dirección del Obispo William K. Weigand. Sus esfuerzos fueron complementados por las generosas contribuciones no solo de la comunidad Católicos sino de una comunidad más amplia de este estado.

Mis queridos amigos, nuestra celebración marca un nuevo capítulo en esta Iglesia local. Estamos agradecidos con Dios por los preciosos dones que le ha dado a esta Iglesia misionera. Comencemos este camino espiritual orando los unos por los otros, para que reconozcamos nuestra identidad común como hijos de Dios, unidos en el amor y preocupados por el bien común de todas las personas. Pedimos para que el pueblo de Dios aquí en Utah sean guiados al encuentro de la presencia viva de Dios amoroso y compasivo. También oramos para que juntos trabajemos para la construcción de su reino de amor, justicia y paz.

Creo que todo sucede por la voluntad de Dios, y les pido, de manera egoísta, que también oren por mí.

Por favor oren para que sea un siervo líder – que tenga el corazón de Cristo; humilde y dócil, dispuesto a siempre escuchar, a dar ni vida pro el rebaño puesto bajo mi cuidado pastoral. Oren para que tenga la sabiduría e inspiración del Espíritu Santo, para poder servir y ayudar a las personas a encontrar en la presencia salvadora de Dios en nosotros y entre nosotros, para tener el coraje de proclamar la verdad y las enseñanzas de la Iglesia aun en momentos difíciles, y para ayudar a el Pueblo de Dios en la construcción de su Reúno entre nosotros.

En la carta de San Pablo a los Romanos, la cual hemos proclamado, el gran evangelizador nos exhorta a ofrecer nuestras oraciones, y a nosotros mismos como sacrificios vivientes, santos y agradables al Señor.

María, la madre de Jesús, nos mostró su obediencia y gratitud amorosa, las cuales son las perfectas disposiciones de un verdadero discípulo de Cristo. Así es que en el espíritu de Maria la Magnifica, unámonos proclamando la grandeza de Dios. Regocijémonos en Dios nuestro Salvador, quien nos ha mirado favoreciéndonos. Él nos alza de las bajezas y llena al hambriento de cosas buenas. ¡El Señor nunca olvida su promesa de Misericordia – cuan bendecido somos de estar esta noche reunidos para alabarlo, honrarlo y glorificarlo!

A través de la intersección de nuestra Santa Madre, Nuestra Señora de Guadalupe, patrona santa de las Américas, hagamos, por la gracia de Dios, la voluntad de Dios en nuestras vidas. Como la Virgen Maria, proclamemos la grandeza de Dios, orando para que se haga tu voluntad de Dios.

 

 

 

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