Mensaje de Aņo Nuevo 2018 del Obispo Solis

Friday, Dec. 29, 2017
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El Obispo Oscar A. Solis
By El Rev. Oscar A. Solis
Obispo de Salt Lake City

"Que la Paz de Cristo este con ustedes”

Extiendo mis calurosos y alegres deseos para el nuevo año a todo el Pueblo de Dios, especialmente a los fieles de la Diócesis Católica de Salt Lake City. Mi primera celebración de Navidad en este Estado de la Colmena ha estado llena de alegrías. La celebración del nacimiento de Jesucristo, Nuestro Salvador, nos trajo mucha alegría y paz. La colorida expresión de la fe de esta comunidad se reavivó con las diversas celebraciones religiosas tales como el Retiro Diocesano de Adviento para jóvenes y adultos, los servicios de Reconciliación de las parroquias, el Simbang Gabi de los filipinos, las Posadas de los latinos, y esto solo por nombrar algunas. Otras celebraciones culturales como los conciertos navideños del Coro de la Catedral de la Magdalena, así como las presentaciones en las escuelas, teatros y foros, expresaron la belleza y riqueza del espíritu de unidad y solidaridad del pueblo de Utah celebrando la alegría especialmente durante esta festividad.

Mis primeras visitas pastorales en la Diócesis a las diversas parroquias, misiones, escuelas y ministerios diocesanos verdaderamente me inspiraron. Personalmente experimenté la hospitalidad calurosa, la fe vibrante y sólida de los fieles de Dios, el fervor de nuestros sacerdotes a pesar de los muchos retos que se enfrentan en el ejercicio de su ministerio pastoral, y la dedicación de los lideres parroquiales, el personal diocesano y de las escuelas Católicas. La Iglesia local de la Diócesis de Salt Lake City en Utah ¡Está Viva! Esto nos da mucha confianza para vivir y celebrar nuestra fe como discípulos misioneros de Cristo.

Este Nuevo Año me da un grato sentido de paz y esperanza en este caminar espiritual de la misión de la evangelización de la Iglesia. Cristo llegó al mundo a dispersar las sombras y los pecados para traer la paz escurridiza que el mundo no nos puede dar y que solo puede ser encontrada en Dios. Él llamó a todos Sus seguidores a ser instrumentos de paz. Viviendo y trabajando por la paz universal no es una opción sino un compromiso y una manifestación de nuestra fe.

Desde el 1968, en la Festividad de la Solemnidad e Maria la Madre de Dios, La Iglesia Católica ha dedicado el 1 de enero como la Jornada Mundial de la Paz. El Papa Pablo VI nos recuerda del deber sagrado cuando dijo, “El mundo debe de educarse en el amor y la paz, para así construirlo y defenderlo.” Esta es una manera de dar la bienvenida al Año Nuevo, estando conscientes del mensaje anual del Papa y teniendo la pasión del llamado al trabajo por la paz en nuestro mundo roto, el cual está inmerso en una cultura de violencia y en una división que le da un tremendo sufrimiento a la humanidad.

El Papa Francisco, continuando con esta tradición, nos brinda el tema para la Jornada Mundial de la Paz 2018: “Migrante y Refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz”. Su mensaje es una invitación y una exhortación para nosotros los Cristianos para que seamos fieles a nuestra responsabilidad Cristiana al responder a las señales y necesidades de nuestros tiempos. En las últimas décadas, el mundo ha sido testigo de una migración global masiva, así como de la dislocación de millones de personas debido a las guerras, a la pobreza, a las calamidades naturales y a las injusticias. Huyen de sus tierras  natales en búsqueda de  nuevos  hogares en donde puedan tener una vida decente, en donde puedan vivir en libertad buscando la paz. Nuestro santo padre nos pide enfocarnos en el triste apuro de los migrantes y refugiados de hoy en día, recordándonos la misma experiencia de Jose y Maria llevando a Jesús en su vientre, el Salvador prometido, en búsqueda de un albergue.

Para que nuestro mundo vuelva a tener paz debemos trabajar por la justicia. Somos una Iglesia al servicio de la paz. Nuestro amor por Dios nos reta a mirar fijamente a nuestros hermanos y hermanas con el amor, compasión y misericordia de Cristo. Nuestra fe en Cristo nos urge a abrir y dar un lugar para ellos en nuestros corazones, en nuestra comunidad y en nuestra sociedad. Establezcamos así las relaciones respetuosas y correctas con Dios y con nuestros semejantes y renovemos nuestro compromiso construyendo una civilización de amor y misericordia, en lugar de una sociedad que promueva la profanación de la santidad de la vida y la degradación de la dignidad humana de cada persona. El Año Nuevo nos ofrece un nuevo comienzo de paz en el mundo. Compartamos el don de paz. Amen como Cristo y sean Cristo con sus semejantes. ¡Bendiciones para que este Año Nuevo esté lleno de paz!

Traducido por: Laura Vallejo

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