México celebra la primera beatificación de una mujer laica

Friday, May. 10, 2019
By Catholic News Service

Por Junno Arocho Esteves

Catholic News Service

CIUDAD DEL VATICANO — Con sonidos de música y aplauso resonando en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México, la Iglesia Católica de México celebró la primera beatificación de una mujer laica en el país.

La Misa de beatificación de la Beata María Concepción Cabrera que se celebró en la famosa basílica el 4 de mayo fue presidida por el cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causa de los Santos.

La vida de la Beata Cabrera, cariñosamente conocida como “Conchita” dio testimonio de vida cristiana “como esposa, madre, viuda, inspiración para institutos religiosos e iniciativas apostólicas”, dijo el cardenal Becciu.

“La belleza y fuerza de su testimonio consiste en haber escogido desde la adolescencia, consagrarse al amor absoluto: Dios”, continuó.

Miles de personas llenaron la basílica que alberga la tilma de san Juan Diego, que lleva impresa la imagen de María que se apareció al santo indígena en 1531. A la izquierda de la histórica imagen pendía un retrato de la beata Cabrera.

El retrato de la recién beatificada mujer laica fue desvelado mientras su nieta, la hermana Consuela Armida y Jorge Guillermo Treviño, el hombre milagrosamente curado de esclerosis múltiple por la intercesión de la beata, llevaban una reliquia de la beata al altar central.

Nacida en San Luis Potosí, México, la beata Cabrera contrajo matrimonio en 1884 con Francisco Armida y tuvo nueve hijos con él. Antes de la muerte de su esposo en 1902, ella ya había fundado y recibido aprobación pontificia para el Apostolado de la Cruz.

A través de sus escritos y estilo de vida, inspiró la fundación de varias congregaciones religiosas de hombres y mujeres antes de su muerte, el 3 de marzo de 1937.

A través de su vida, dijo el cardenal Becciu en su homilía, la beata Cabrera, “habló de Dios de manera convincente y natural, lo cual probó su ardiente amor a él”. Ese mismo amor, añadió el cardenal, también se hacía evidente en su amor hacia los demás, especialmente a los pobres.

“Su preocupación por los pobres fue incesante; ella quería ser pobre entre los pobres, adaptándose a ellos externamente para así compartir las dificultades de sus vidas y mejor ayudarlos”, dijo el cardenal.

El cardenal Becciu dijo que la beata Cabrera sobresale como ejemplo para todos los cristianos y especialmente para las mujeres, “como modelo de vida apostólica” que mantuvo sus ojos fijos en el cielo mientras cuidaba de los sufrimientos de los más necesitados.

“Que por su intercesión podamos escuchar las voces suplicantes de quienes viven pobreza espiritual o material, y respondamos a esa voz con la caridad distintiva de los fieles discípulos del Evangelio”, dijo el cardenal.

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