Papa Francisco: 'La victoria de Cristo sobre la muerte anuncia una segunda oportunidad'

Friday, Apr. 09, 2021
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El Papa Francisco usa incienso mientras celebra la Misa de Pascua en la Basílica de San Pedro en el Vaticano el 4 de abril.

Por Junno Arocho Esteves y Cindy Wooden
Catholic News Service
CIUDAD DEL VATICANO – Las liturgias de Pascua -- con el fuego, el compartir la luz del cirio pascual, la renovación de las promesas bautismales, y la proclamación de que Jesús ha resucitado -- aseguran a las personas que nunca es demasiado tarde para comenzar de nuevo, manifestó el Papa Francisco.
“Siempre es posible empezar de nuevo, porque hay una nueva vida que Dios puede despertar en nosotros a pesar de todos nuestros fracasos”, expresó el Santo Padre durante su celebración de la Vigilia Pascual el 3 de abril.
Con Italia en cuarentena debido a la pandemia de COVID-19, el Papa Francisco celebró una vigilia reducida en el Altar de la Cátedra, en la Basílica de San Pedro, con un estimado de 200 personas presentes. A la mañana siguiente, el Sumo Pontífice regresó con una congregación igualmente pequeña para la Misa de Pascua y ofrecer la bendición “Urbi et Orbi” (a la ciudad y al mundo).
La vigilia fue más sencilla de lo habitual, pero aún así hubo la bendición del fuego pascual, que ardía al pie del altar mayor de la basílica, y el encendido del cirio. Luego, la basílica oscurecida comenzó a brillar lentamente con la luz de las velas que compartían los concelebrantes y los fieles presentes.
En su homilía en la vigilia, el Papa dijo que la proclamación evangélica de la resurrección y la invitación del ángel a las mujeres en la tumba de Jesús a “ir a Galilea” era un llamado a regresar al “lugar donde el Señor las buscó por primera vez y las llamó para que lo siguieran”.
Aunque sus seguidores malinterpretaron a Jesús a menudo e incluso lo abandonaron “frente a la cruz”, él aun así les exhortaba “ser nuevos”, señaló el Papa.
“En esta Galilea”, continuó el Santo Padre, “aprendemos a asombrarnos por el amor infinito del Señor, que abre nuevas vías en el camino de nuestras derrotas”.
El Papa dijo que el llamado a regresar a Galilea también significa emprender un nuevo camino, lejos de la tumba y de entregarse al dolor.
El Papa también expuso que, como aquellos que estaban en la tumba, “muchas personas experimentan una tal ‘fe de recuerdos’, como si Jesús fuera alguien del pa-sado, un viejo amigo de la juventud que ahora está muy lejos, un evento que tuvo lugar hace mucho tiempo, de cuando asistieron al catecismo cuando eran niños”.
“Vayamos a Galilea, entonces, para descubrir que Dios no puede ser archivado entre los recuerdos de nuestra infancia, sino que está vivo y lleno de sorpresas”, acotó. “Resucitado de entre los muertos, Jesús no deja de sorprendernos”.
La llamada a ir a Galilea -- una región habitada por “los más alejados de la pureza ritual de Jerusalén” -- es un recordatorio para que los cristianos salgan a las pe-roerias e imiten a Jesús, quien llevó la presencia de Dios a los excluidos.
“El Señor Resucitado está pidiendo a sus discípulos que vayan allí incluso ahora, a los escenarios de la vida cotidiana, las calles que recorremos todos los días, los rincones de nuestras ciudades”, manifestó el Santo Padre. “Allí el Señor se adelanta a nosotros y se hace presente en la vida de quienes nos rodean, de quienes comparten nuestro día, nuestro hogar, nuestro trabajo, nuestras dificultades y esperanzas”.
El Papa Francisco dijo que Jesús llama a todos los cristianos de hoy a “superar las barreras, desterrar los prejuicios” y reconocer al Señor “aquí en nuestras Galileas, en la vida cotidiana”.
“Si en esta noche estás experimentando una hora oscura, un día en el que aún no ha amanecido, una luz apagada, o un sueño hecho añicos”, dijo, “abre tu corazón con asombro al mensaje de la Pascua: ‘¡No tengas miedo, ha resucitado! El te espera en Galilea’”.
Como es costumbre, el Papa Francisco no predicó en la misa de la mañana de Pascua, que contó con el canto del Evangelio tanto en latín como en griego.
Con Italia nuevamente en aislamiento debido a la pandemia de COVID-19, el Papa ofreció su bendición de Pascua “Urbi et Orbi” (a la ciudad y al mundo) dentro de la Basílica de San Pedro en lugar de desde el balcón con vistas a la Plaza de San Pedro.
“El mensaje de Pascua no nos ofrece un espejismo ni revela una fórmula mágica”, expresó el Sumo Pontífice antes de dar la bendición. “No apunta a un escape de la difícil situación que estamos viviendo. La pandemia aún se está extendiendo, mientras que la crisis social y económica sigue siendo grave, especialmente para los pobres”.
El Papa ofreció oraciones por los enfermos y los que han muerto de COVID-19 y por los médicos y enfermeros que han hecho “valientes esfuerzos” para atender a las víctimas de la pandemia.
Además, tuvo palabras especiales de esperanza pascual para los jóvenes que luchan aislados de sus amigos. “Experimentar relaciones humanas reales, no solo relaciones virtuales, es algo que todo el mundo necesita, especialmente en una edad en la que se está formando el carácter y la personalidad de una persona”, señaló.
“Expreso mi cercanía a los jóvenes de todo el mundo y, en estos días, especialmente a los jóvenes de Myanmar comprometidos con el apoyo a la democracia y hacer que sus voces se escuchen pacíficamente, sabiendo que el odio sólo puede disiparse con el amor”, acotó.
El Papa Francisco oró por muchos lugares del mundo, donde la necesidad de luchar contra la pandemia no ha silenciado las armas de guerra y violencia.
“Esto es escandaloso”, sostuvo. “Los conflictos armados no han terminado y los arsenales militares se están fortaleciendo”.
Los testimonios evangélicos de la resurrección, dijo, “relatan un detalle importante: Jesús resucitado lleva las marcas de las heridas en sus manos, pies, y costado. Estas heridas son el sello eterno de su amor por nosotros. Todos los que atraviesan una prueba dolorosa en cuerpo o espíritu pueden encontrar refugio en estas heridas y, a través de ellas, recibir la gracia de una esperanza que no defrauda”.
“Que la luz de Jesús resucitado sea una fuente de renacimiento para los migrantes que huyen de la guerra y la pobreza extrema”, rezó. “Reconozcamos en sus rostros el rostro desfigurado y adolorido del Señor en el camino al Calvario. Que nunca les falten signos concretos de solidaridad y fraternidad humana, prenda de la victoria de la vida sobre la muerte que celebramos en este día”.
Y, si bien las restricciones pandémicas significaron celebraciones de Pascua en el Vaticano más simples y pequeñas, el Papa Francisco señaló que en muchos lugares las limitaciones son más estrictas e incluso im-piden que las personas vayan a la iglesia.
“Oramos para que esas restricciones, así como todas las restricciones a la libertad de culto y religión en todo el mundo, puedan ser levantadas y que todos puedan orar y alabar a Dios libremente”, agregó.
Pidiendo nuevamente una distribución justa y rápida de las vacunas COVID, el Papa dijo que “al abrazar la cruz, Jesús otorgó significado a nuestros sufrimientos, y ahora oramos para que los beneficios de esa curación se extiendan por todo el mundo”.

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