Respondiendo al llamado de Dios/Padre dominico Jacek Buda

Friday, May. 18, 2018
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By Special to the Intermountain Catholic
Nota del editor: Esto es el cuarto artículo de una serie de historias personales sobre vocaciones de seminaristas, mujeres religiosas, diáconos y sacerdotes de la diócesis Católica de Salt Lake City.
Nací en la tierra de San Juan Pablo II. No sólo es que yo haya nacido en el mismo país, pero cuando estaba creciendo, todo mi entorno estuvo lleno de sus pláticas, sus artículos, y sus pensamientos. En ese entonces no sabía que estaba absorbiendo todo esto desde muy temprana edad. Siempre había querido hacer algo radical con mi vida.
La cosa más heroica y ambiciosa que me venía a la mente era convertirme en piloto de guerra. Sin embrago en el fondo de mi corazón había algo más: una invitación de una fuerza que me empujaba a rendirme completamente ante Dios. Yo no se lo dije a nadie.
Aún de niño recuerdo sentir las expectativas presionándome en cuanto a mis decisiones, y las más honesta de ellas sería a Dios.
Un día, en mi clase de literatura leí un artículo sobre la guerra civil española. En el artículo, en una escena de un hospital de campo, apareció una persona, un fraile dominico muy alto quien confortaba a las personas. No sé por qué pero esa imágen se quedó en mí. Eso parecía más radical que nada que yo hubiese visto. Comencé a leer más libros acerca de los Dominicos, y me uní al Mi-nisterio Dominico y asistí a un retiro Dominico.
Aún no les decía ni una palabra de esto a mis padres o a ninguno de mis amigos. Cuando me uní a la Orden de los Dominicos, fue un shock para quienes me rodeaban, pero yo sentí como si hubiera ingresado al paraíso.
La formación religiosa siempre es un tiempo difícil. El candidato se debe de enfrentar sus propias debilidades y las debilidades de otros.
Al mismo tiempo crece en el candidato la idea maravillosa de la Orden de los predicadores. Santo Dominico envió a sus hermanos a los caminos en la Europa del Siglo 13 para apoyar el ministerio de los obispos y para ayudar a las personas confundidas por la agitación de esa época.
Así como entonces, ahora la formación de los Dominicos se encamina a la ayuda de jóvenes para que sean predicadores en la gracia. Creo que eso es lo mejor que me ha pasado.
Después de 30 años en la gran aventura del camino de la predicación y de 30 años confrontando los pecados de los demás, y lo peor los míos propios, todavía estoy muy agradecido con San Juan Pablo II por sus consejos que sin saberlo me dio.
Un mes antes de mi ordenación al sacerdocio, mi profesor de enseñanzas Católicas Sociales me presentó con el gran Papa. Yo le dí, a San Juan Pablo, mi carta de ordenación con gratitud. Creo que no sabía porque – o tal vez si lo sabía.
El padre dominico Jacek Buda es párrco de St. Catherine of Siena/Centro Newman.
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