"Siempre se agradecido, sin importar nada más"

Friday, Nov. 20, 2020
+ Enlarge
Reverendísimo Oscar A. Solis, Obispo de Salt Lake City
By The Most Rev. Oscar A. Solis
Bishop of Salt Lake City

¡Saludos de la paz y el amor de Cristo!

Este jueves es el Día de Acción de Gracias, un tiempo en el que nuestra nación observa un día  acudiendo a la Iglesia a los servicios de oración para agradecer las bendiciones que nuestro país y nosotros hemos recibido de Dios, así como para compartir una comida en camaradería con nuestra  familia y amigos. Conforme han pasado los años, esta festividad se ha transformado. Su esencia se ha erosionado y comercializado. Tristemente, su significado de gratitud y reconocimiento del favor de Dios, ha sido olvidado. La reunión y comida familiar han evolucionado y alguien por ahí inclusive le dio un nuevo nombre ‘Jueves de Pavo’. La celebración se ha alejado de la Acción de Gracias, hacia la sintonización de juegos de fútbol americano y del tradicional desfile de Macy’s, o a viajes para comprar ofertas y rebajas.

Ahora bien, este año será mucho más diferente ya que el mortal coronavirus sigue trayéndonos disrupciones y caos a nuestras vidas y al mundo. Millones de personas han estado y siguen estando infectadas por esta enfermedad y, la tasa de mortalidad sigue incrementando, poniendo así una carga a nuestras ya secas instituciones de cuidados de salud y a los agobiados trabajadores médicos quienes están al cuidado de los enfermos y de los hospitalizados. El COVID-19 ha alterado nuestra hermosa tradición de Acción de Gracias y la manera en que celebramos esta festividad. El miedo a la enfermedad, los mandatos gubernamentales y las demás restricciones harán que muchos no viajen, alentándonos a quedarnos en casa para evitar contraer el virus o infectar aún a más miembros de la sociedad, familiares y amigos vulnerables.

Este Día de Acción de Gracias será un reto para observarlo ya que es mucho más fácil estar agradecido cuando la vida va bien y todo va bien. Nuestra presente generación ha estado acostumbrada e inmersa en una cultura de materialismo, comodidades y derechos personales. Privando de cosas materiales y convenientes, con su independencia infringida e impuesta por las restricciones y mandatos gubernamentales, creo que muchas personas tendrán aún más dificultad al tratar con sus pérdidas, en lugar de reconocer sus ganancias, de estar agradecidos durante esta pandemia.

Aún asi, tenemos muchas razones para siempre estar agradecidos.

 La gratitud no minimiza ni niega nuestros sufrimientos y dificultades. El coronavirus es un fuego que destruye, pero también es una gracia disfrazada que puede refinarnos y transformarnos; abre nuestra conciencia a las realidades importantes de nuestra vida: nuestra confianza y dependencia no en las cosas materiales, sino en el valor de nuestro cariño y relaciones con nuestros familiares, amigos y demás personas, y a la virtud de la humildad para aceptar el poco control que tenemos sobre lo que está sucediendo en nuestras vidas y sociedades, de este modo expendiendo nuestros horizonte más allá de este mundo.

Aún más, nos ayuda a volver a descubrir el poder de la oración, de la espiritualidad, de la solidaridad y de la bondad de la humanidad, reflejada en el trabajo heróico y los sacrificios de las personas que trabajan en primeros auxilios, en los cuidados de la salud y los trabajadores esenciales. Muchos pueden haber experimentado grandes pérdidas, pero no hemos perdido a Dios, quien nos salva y quien nos cuida. La humanidad puede haberlo negado e incluso rechazado, pero Él nunca nos ha olvidado.

Nuestra gracia de salvación es un Dios quien siempre está con nosotros, y quien nunca nos abandona. Mientras podemos lamentar la perdida de estas tradiciones, aún así podemos honrar el espíritu de esta festividad nacional para una vez más aprender a dar gracias a Dios.

Hoy, poniendo de lado la pandemia, nuestro país también tiene un lamentable conflicto civil y heridas causadas por los desacuerdos políticos, por la desigualdad racial y social, y por las diferencias religiosas. Acción de Gracias es un maravilloso tiempo para orar a Dios para que sane estas heridas, y para que cuide quienes no comparten en su totalidad las bendiciones que hemos recibido. No nos olvidemos de los no natos, de las personas de la tercera edad, de los enfermos, de los inmigrantes, de los refugiados y de los encarcelados, así como de nuestros hermanos quienes no tienen hogares, comida o cuidados de salud, encomendemos a Dios las almas de los files que han partido.

For questions, comments or to report inaccuracies on the website, please CLICK HERE.
© Copyright 2020 The Diocese of Salt Lake City. All rights reserved.